| Fue dedicada en 1549 por Otto Truchses
a Felipe II, quien estimó con especial predilección este
manuscrito. Se encuentra especialmente considerado en la
Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial
como una obra de lujo.
Es ampliamente desconocida hasta hoy en el
ámbito de la Literatura Científica.
Contiene una descripción del Mundo desde sus
comienzos bíblicos hasta mediados del siglo XVI desde el punto
de vista cronológico e histórico.
La raza humana comienza con Noé y sus hijos,
que pueblan las partes de África, Asia y Europa.
Según esta dedicatoria, los libros son un
regalo del Cardenal de Augsburgo, Otto Truchses de Waldurg
(nacido en 1514, Obispo de Augsburgo desde 1543 y Cardenal desde
1544), en la guarda vemos su emblema.
Fue nombrado comisario Imperial General de
Alemania, por Carlos V, en 1544, y éste le encargó repetidas
veces misiones políticas importantes.
Queda constancia de la entrega de los
códices gracias a una nota manuscrita de la Bayerischen
Staatsbibliothek (Biblioteca Estatal de Baviera): "Anno
1549 El Obispo de Augsburg homenajeó al Príncipe de Austria con
preciosos libros, que encargó a Tyrols, habitante de Augsburgo,
con grandes costos y con exquisitos dibujos y textos".
El autor de la caligrafía fue Hans Tirol,
famoso arquitecto, galardonado en 1532 con el título de maestro
pintor en Augsburgo.
Su verdadera fuerza, herencia paterna,
residía en sus extraordinarios conocimientos de Heráldica, como
atestiguan los numerosos escudos y sus respectivas explicaciones
que se encuentran en el Códice.
El Códice, desde el punto de vista del
tratamiento de las fuentes, rompe todas las fronteras hasta
entonces utilizadas para la elaboración de una Historia
Universal, por lo que se debe considerar como un fenómeno
singular dentro de la Historiografía Europea.
La presentación, a base de miniaturas, rompe
todos los moldes conocidos; para el texto se valoran todas las
fuentes accesibles, desde la antigüedad hasta la época moderna.
El extraordinario mérito que tiene Hans Tirol como editor es el
de haber conseguido implantar un sistema ordenado en esta
inmensa cantidad de material.
La imagen y el texto están íntimamente
ligados, es decir, las miniaturas ilustran claramente la palabra
escrita.
Para los habitantes protestantes de
Augsburgo, la elaboración de un libro destinado a Carlos V y a
su hijo Felipe suponía una oportunidad de llamar la atención al
Emperador directamente sobre el malestar moral y político de la
época y mover al Soberano a realizar una reforma del imperio,
según su criterio, para el mundo venidero. El Manuscrito
constituye una crónica universal impregnada del espíritu
protestante, un testimonio conmovedor de la inestabilidad
política existente en Alemania medio siglo antes del comienzo de
la Guerra de los 30 Años.
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